viernes, 9 de agosto de 2019

Claro que nuestros pezones son una cuestión política

Tuccia velata, una escultura de 1742 de Antonio Corradini, expuesta en el Palazzo Barberini de Roma (Patricia Simón)
“Del Playtex puntiagudo de nuestras madres a los sujetadores acolchados del Oysho han pasado 40 años y una bochornosa vuelta del puritanismo que se ha cebado con nuestros pezones”, escribe la autora.
Haya sido conscientemente o no, probablemente el acto con mayor carga política que Melania Trump ha llevado a cabo en estos cuatro años de exposición pública, haya sido haber acudido a actos oficiales sin sujetador. O mejor dicho, sin un sujetador que borre la marca de los pezones en sus vestidos. Precisamente, la controversia mediática que ha generado que a la primera dama estadounidense se le notasen los pezones en varias apariciones públicas debería hacernos comprender el involucionismo que estamos viviendo. Y por ello es de agradecer que se escriban artículos sobre esta cuestión, a sabiendas de que puedan ser criticados o malinterpretados, como le ocurrió a este de Beatriz Serrano, que fue tachado de sexista en las redes sociales.
Del Playtex puntiagudo de nuestras madres a los sujetadores acolchados del Oysho han pasado 40 años y una bochornosa vuelta del puritanismo que se ha cebado con nuestros pezones. Porque era a ellos a los que se estaba refiriendo el periódico conservador italiano Libero cuando tituló la noticia de su comparecencia ante sede judicial con un «Carola Rackete sin sujetador en la fiscalía. Descaro sin límites». En respuesta, mujeres de distintos países convocaron una acción en solidaridad con la capitana por la que salieron a la calle sin sujetador el 27 de julio. 
La ola involucionista que está viviendo el mundo, así sea en forma del neofascismo de Bolsonaro, Salvini o Abascal, o del radicalismo islamista financiado por los países del Golfo, tiene una agenda compartida en la que el primero de sus objetivos son los derechos de las mujeres, de las personas del colectivo LGTBIQ+ y de las librepensadoras que ejercen y defienden el libre albedrío. Y para ello han rehabilitado conceptos como el recato, que interpretan como sinónimo del saber estar, pero también de una autoprotección ante los peligros que nos esperan a las mujeres en ese espacio público que no nos pertenece, la calle. Y para ello están expandiendo el burkini en países como Marruecos o Argelia, y códigos de vestimenta absolutamente superados en Occidente. Porque ¿qué es eso de que en España trabajadores de aerolíneas se dediquen a impedir el embarque de pasajeras con escotes que consideran impúdicos, como ha ocurrido en dos ocasiones en las últimas semanas? ¿Quién les ha otorgado el carnet de policías del honor? ¿En dónde está escrito hasta qué centímetro del canalillo se puede mostrar para poder viajar en un aeropuerto europeo? 
Hemos pasado de quemar los sujetadores como símbolo de la liberación de la mujer a embolsar nuestros pechos en perfectos cascotes de relleno que los homogeneizan, a ser posible, todos en un redondeado 90B que invisibilice esa peligrosa protuberancia viva que cambia de forma según la temperatura, el estado de ánimo, la postura. Incluso venden almohadillas adhesivas para difuminar esos pezones que también han sido borrados de los maniquíes, no vaya a ser que en medio de un cambio de temporada escandalicen a los viandantes y perturben la cabecita de nuestros niños y niñas. No nos escandalicemos cuando en algún museo romano decidan cubrírselos a alguna escultura con una equis de cinta aislante como hacen en el mundo paralelo de Instagram para sortear la censura. 
Hemos pasado de que ir sin sujetador sea un extenuante ejercicio de reivindicación de la libertad –porque lo es, y si no estén atentas y atentos a las miradas y comentarios que sigue suscitando tamaña provocación– a que no ocultar que tenemos pezones sea toda una salida de tono de tinte sexual, como le recriminó parte de la prensa internacional a Melania Trump, o un signo de insumisión y desacato a la autoridad, en el caso de la capitana Rackete según el periódico Libero.
Y claro que nuestros pechos y pezones son elementos sexuados, como nuestra cara, nuestros hombros, nuestras piernas, nuestros brazos o nuestras manos, aunque el heteropatriarcado evite reconocerlos así porque supondría desterrar la supremacía de las prácticas falocéntricas que tan ‘eficientes energéticamente’ le resultan. El peligro es que si nosotras asumimos este mandato, no solo terminaremos borrando nuestros pezones, sino también cubriendo nuestra cara, nuestros hombros, nuestras piernas, nuestros brazos y enguantando nuestras manos.
Las mujeres de Irán y de Afganistán saben bien lo rápido que se pasa de llevar minifalda o pantalones a niqab o burka, y la de décadas que cuesta desterrarlos. En algunas regiones de Marruecos o Argelia están empezando a comprobarlo. Las españolas vimos cómo el nacionalcatolicismo se metió en nuestra cama, se sentó a nuestra mesa a diario y nos convirtió en súbditas de Dios, de nuestro padre y de nuestro marido durante 40 años por la gracia de la Iglesia y de Franco. Nuestras madres aún tienen fresco el recuerdo de la de resistencias, críticas y censuras que tuvieron que aguantar cuando quisieron ser dueñas de su imagen y de su armario. Esperemos que las hijas de esta Europa neoconservadora no tengamos que volver a lucharlo.

jueves, 18 de julio de 2019

La Sentencia de la Vergüenza

En esta semana el Supremo se ha pronunciado sobre las dos ordenanzas criminalizadoras del cuerpo humano que restaban: las de Valladolid y Cádiz
Animamos desde aquí a juristas de prestigio a pronunciarse con contundencia sobre estas sentencias vergonzosas y aberrantes.
Para ello daremos algunos datos necesarios para abordar la cuestión con imparcialidad.
Hemos visto un artículo en “ConfiLegal” que nos puede ayudar a clarificar posibles errores de partida. Veamos.
El titulo del artículo:
“El Supremo lo ha dicho claro en 4 sentencias: no se puede ir desnudo por la calle”
a) Es muy generoso hablar de 4 sentencia. Basta fijarse en que las 4 las firman los mismos 5 jueces y con las mismas funciones (mismo presidente, mismo ponente,…). Que las fechas en las que se reunieron son sólo 2 y no 4 (aunque luego publiquen en 4 fechas diferentes), y que todas se remiten a la primera. Yo hablaría de una sola Sentencia de la Vergüenza.
b) Las sentencias no dicen que “no se puede ir desnudo por la calle”, sino que los ayuntamientos pueden regular este tema mediante ordenanzas. Sólo 4 lo han hecho y tres de ellos han anunciado la retirada de la prohibición.
Por tanto el resultado real es que en Playa de Aro (la única que no lo retirará) no se podrá ir desnudo por la calle, pero si en Barcelona, Valladolid y Cádiz y en el resto de los 8000 municipios de España mientras no saquen ordenanzas criminalizando la desnudez.
Es erróneo el título y debería corregirse para evitar malentendidos.
El Articulo sigue: “El Tribunal Supremo se ha pronunciado del mismo modo en cuatro sentencias de forma rotunda: no se puede ir desnudos por la calles de las ciudades ni hacer nudismo en aquellas playas en las que no está permitido.” Falso. Totalmente erróneo.
Debería decir en todo caso: “no se puede ir desnudos por la calles de las ciudades donde esté prohibido por ordenanza ni hacer nudismo en aquellas playas en las que esté prohibido por ordenanza.” Pues sino está espesamente prohibido por ordenanza, al no haber ninguna ley estatal que lo prohíba sigue estando permitido como siempre (principio de legalidad: todo lo que no está expresamente prohibido por ley, está permitido. Base de las democracias).

Por favor ruego se corrija este párrafo también. Para que esté prohibido ir desnudo por las calles ha de haber una ordenanza municipal que lo prohíba, y esto no sucede a día de hoy. Para que esté prohibido bañarse y disfrutar desnudo de alguna playa es necesario que exista una ordenanza municipal que así lo establezca. Si no hay ordenanza que lo prohíba no está prohibido, y a día de hoy no existen ordenanzas que lo prohíban en casi ningún municipio, y la tendencia es a retirar estas prohibiciones como se puede ver en este blog (en algunos ayuntamientos existían de antiguo y han sido retiradas a petición de esta Federación).
En el resto del artículo se insiste en que “El Supremo falló en la misma línea que lo había hecho el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC)“, y lo mismo se dice del de Castilla y León y se supone del de Andalucía, pero basta leer cualquiera de las sentencias del Supremo (todas son la misma) para darse cuenta de que no es así, no falló en la “misma línea” sino todo lo contrario.
El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), y los demás Tribunales regionales, sí admitió que la libre expresión de la desnudez forma parte de la libertad de expresión y de la libertad ideológica protegida por el artículo 16 de la Constitución, algo por otra parte evidente. Pero el Supremo corrige con claridad al TSJC al advertir que ello conllevaría la ilegalidad de la Sentencia, y por tanto de la ordenanza, pues la prohibición quedaría reservada a Ley (artículo 53.1 de la Constitución).
En este sentido podemos afirmar que el Supremo afirma que el Tribunal Catalán (y los otros dos) ha acertado en su sentencia por casualidad, ya que sus fundamentos son erróneos. El Supremo por lo tanto descalifica la Sentencia en sus bases jurídicas, pero no la ordenanza. Descalifica la Sentencia, pero no su resultado (fundamento tercero de la Sentencia).
Si se trasmite a la ciudadanía desde blogs jurídicos especializados como el de ConfiLegal que lo que no está expresamente permitido está prohibido (base de toda dictadura), se puede incitar a actitudes violentas hacia pacíficas familias que disfrutan de una playa cualquiera de un municipio cualquiera que no tenga una ordenanza nudófoba. Es de vital importancia que se aclare esto. Invertir el principio de legalidad puede tener consecuencias muy graves. Debe dejarse claro que TODAS las playas son aptas para el baño en desnudez a no ser que exista una ordenanza nudófoba en el municipio. Eso y no otra cosa es lo que ha dicho el Supremo.
Aun así, no estamos de acuerdo y pediremos al TEDH (el Europeo) que reafirme su doctrina y vuelva a dejar claro que “el cuerpo humano no es dañino” y que la libertad de expresión afecta antes que a nada más al propio cuerpo humano.

domingo, 7 de julio de 2019

Cuerpos desnudos contra la "invasión textil"

Entre sanciones, prohibiciones y resoluciones judiciales de todo tipo, el 7 de julio se celebra el Día Internacional del Naturismo con convocatorias a participar en más de sesenta playas catalanas
Nudistas en el mar/Archivo
"El naturismo es una forma de vivir en armonía con la naturaleza, caracterizada por la práctica de la desnudez común, con el objetivo de favorecer el respeto por uno mismo, hacia los demás y hacia el medio ambiente. Promueve la igualdad social; Ya que en muchos casos la ropa pone barreras artificiales. Las personas desnudas son más iguales entre ellos, independientemente de la clase social, la ideología, la religión... El naturismo es una filosofía socialmente constructiva y respetuosa con todos, con sus diferencias y sólo espera el mismo respeto".
Así es como se presenta el Club Catalán de Naturismo, una de las cuatro asociaciones naturistas que forman parte de la Federación naturista-nudista de Cataluña (FNNC), un paraguas de coordinación que trabaja en el desarrollo del nudismo en Cataluña y en el Interpel. Con la administración, la sociedad y los medios de comunicación. En una escala más amplia, estas asociaciones también forman parte de la Federación Española de Naturismo (FEN) y de la Federación Naturista Internacional (FNI).
Este último es la convocatoria del Día Mundial del Naturismo, un día de promoción del nudismo que se celebrará este domingo 7 de julio y que, en Cataluña, se convierte en una convocatoria para el primer registro nudista en más de 60 playas de tradición nudista. "Como entidad naturista queremos aprovechar este día para concienciar sobre la necesidad de proteger el planeta del cambio climático y la necesidad de proteger el mar Mediterráneo y las playas de contaminación plástica", señalando desde el manifiesto de llamada de CCN.
Un tirón judicial e indiferencia
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos declaró en 2014 que la práctica del nudismo forma parte de la libertad de expresión y que su persecución se entiende como una violación de este derecho. Las asociaciones y federaciones naturistas afirman que se considera nudismo como una ideología y que ninguna ordenanza local puede prohibirlo. Para ello, se utilizan en el artículo 16 de la Constitución, en el que se garantiza la libertad ideológica y para el que no es posible limitar su manifestación.
Por el contrario, aunque la práctica del nudismo es legal en España, las cuatro sentencias del Tribunal Supremo publicadas entre 2015 y 2016 han determinado que el derecho a la libertad ideológica previsto en la Constitución no se ve afectado por la Ordenanzas municipales que hacen nudismo en ciertos lugares. Es el caso de Barcelona, Tarragona y Platja D'aro donde, a través de ordenanzas municipales, los municipios los prohíben explícitamente excepto en las zonas indicadas o tradicionalmente nudistas.
De las más de 60 playas desnudas de Cataluña, ninguna está excluida con los bañistas textiles, ya que la legislación no permite
Una información: de las más de 60 playas nudistas de Cataluña, ninguna está excluida de los bañistas textiles, ya que la legislación no lo permite. "Hay disparidad en los criterios sobre lo que se considera santificador. Existe la tontería de que la persona nudista está salcada fuera de su área, pero no la persona que está vestida en la zona nudista. Las denuncias muestran la invasión de bañistas textiles en la zona nudista, con total impunidad", señala la resolución sobre la defensa y promoción del naturismo-nudismo en Cataluña elaborada por el Síndic de Greuges en noviembre de 2018. Se trata de una resolución en respuesta a las quejas presentadas por el Club Catalán de naturismo, y en la que el Síndic de Greuges propuso seis puntos de recomendación para los municipios con el objetivo de respetar el derecho y disfrutar de esta práctica.
Contra la persecución nudista y la "invasión textil"
Estas recomendaciones incluyen propuestas como la mejora de los servicios básicos de estas áreas, de una señalización uniforme delimitándolas, evitando la presencia de chismes, garantizando la tranquilidad de las mujeres que van solas y tomando medidas informativas para Promover el uso de playas nudistas, preferentemente por este grupo, en lugar de aplicar sanciones a las personas que practican nudismo en playas no nudistas. Por esta razón, el Síndic también pide la revisión de las ordenanzas municipales en relación con el nudismo, "dado que los nudistas no son iguales condiciones con los bañistas textiles; Es necesario hacer una discriminación positiva hacia este grupo, de modo que haya áreas de uso para el nudismo donde haya una defensa y promoción activas".
En el Acta de incorporación de la FNNC hace un año en la playa nudista de la Mar Bella de Barcelona, su presidente Sigimon Rovira, señaló: "Los nudistas y naturistas asociados y federados son una minoría en todas las personas que hacen nudismo en las playas , montañas o naturistas visitantes. Necesitamos ser muchos más asociados y federados para tener más fuerza y representación. También debemos crear una red de activistas en todo el país para defender o cuidar los diferentes espacios de tradición nudista en Cataluña". Un nuevo llamado a seguir garantizando la supervivencia de esta práctica en movimiento, siguiendo el hilo de una historia inspirada en las corrientes vegetarianas y naturistas de la antigua Grecia, del naturismo de la medicina filosófica alemana y el senderismo y los ideales de Volviendo a la naturaleza del movimiento obrero catalán de principios del siglo XX.
Guille Larios
La_Directa
Publicada:
4 de julio de 2019

domingo, 21 de abril de 2019

Una mujer desnuda

Una mujer desnuda no es una ofensa. Una mujer desnuda no es un pecado, ni un escándalo, ni una vergüenza. Una mujer desnuda es la vida, es lo natural, es la gracia. Una mujer desnuda no agravia más que a quien la mira contaminado, a quien difunde la imagen como si ella hubiese cometido un crimen de lesa humanidad, señalándola con el dedo acusador de los inquisidores y los puritanos. Una mujer desnuda no es una mercancía, ni un cartel electoral, ni una mancha. Una mujer desnuda es su propia libertad, su derecho sobre su cuerpo, a vivirlo y a sentirlo como le dé la real gana. Una mujer desnuda me da más confianza que un lobo oculto tras una corbata de seda y un traje caro.
Foto articulo
Corre estos días por las redes sociales unas fotos, falsas al parecer, de Teresa Rodríguez, candidata de Podemos a la Presidencia de la Junta de Andalucía, desnuda en una playa nudista. Para perjudicarla, sus enemigos políticos (digo bien, enemigos, rivales es otra cosa, rivales es democracia, y de eso nos queda muy poco, apenas unas migajas) la difunden entre risitas de parvulario, de retrete de instituto, como si nunca hubiéramos visto una mujer desnuda, como si haberse desnudado alguna vez incapacitara para algo.
Yo no sé qué tal política será Teresa Rodríguez. Tampoco sé qué persona será, si buena o mala, si a ratos lo uno y a ratos lo otro, como todo el mundo. Sé que por ser mujer y por andar desnuda por una playa adecuada para ello (aunque, quizás, ni siquiera es ella) la están lapidando con la hipócrita moral judeocristiana que tanto daño nos ha hecho durante los últimos cinco mil años y de la que parece imposible desprenderse.
Teresa Rodríguez. Foto Internet
Si andar desnudo desacredita, todos estamos desacreditados de nacimiento, así que nadie venga ahora a ponerse digno con estas cosas y a taparse el ojo escandalizado. Si algo sucio hay en todo esto es usar la imagen desnuda de una mujer para desautorizarla, para denigrarla. La desnudez no es sospechosa de nada, ni de falta de moral, ni de falta de ética, ni de falta de capacidad. Es la mirada del otro quien pone toda esa porquería, es el machismo de caverna el que trata de convertir un acto de libertad en una deshonra, como siempre ha hecho el fascismo.
Una mujer desnuda no es una criminal. Una mujer desnuda no es una perversión. Tampoco es necesariamente una invitación. Una mujer desnuda es la naturalidad de su propia elección, de su independencia, de su albedrío, y quien quiera usar su imagen desnuda para menoscabarla es que solo la ha visto desde muy abajo, desde donde miran siempre los gusanos.
juan gaitán

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Más allá de Facebook e Instagram: ¿Por qué se censura el cuerpo femenino?


Pixon Project denuncia, con ironía, lo absurdo de censurar los pezones femeninos. MANUEL CEBALLOS
Claudia jugó con los límites de Instagram... y perdió. O perdió a medias, porque encontró un nuevo enfoque para su arte. Eso, y una comunidad entera de creadores que han convertido las redes sociales en su campo de batalla en la lucha contra la censura del cuerpo. Del femenino, sobre todo. Porque en Internet, el paraíso de la pornografía gratuita y accesible para cualquiera con una conexión, el desnudo de la mujer sigue siendo tabú, y el castigo consiste en eliminarlo.
Hay anacronismos que surgen de otros anacronismos. Si lo de quemar sujetadores nos suena muy sesentero, que esa imagen naciera de una de esas fake news tan siglo XXI no es menos chocante. 7 de septiembre, año 1968, un grupo de mujeres se manifiesta a las puertas del centro de convenciones de Atlantic City. Dentro se celebra el certamen de Miss América. En plena explosión de la llamada Segunda Ola Feminista, la traca final de la protesta prometía ser una gran pira en la que se quemaran los "instrumentos de tortura contra la mujer", con el sujetador como eje central. Se amontonaron cientos de sostenes, se tiraron a los cubos de basura situados en el centro de la protesta... pero el fuego nunca se produjo.
La (no) imagen fue tan potente que se convirtió en símbolo. Una joven reportera del New York Post, Lindsy Van Gelder, mencionó la hoguera de sujetadores en una columna, más como un deseo que como una realidad, pero el suceso caló y los medios replicaron la noticia falsa en grandes titulares. Había nacido un mito, y medio siglo más tarde el pecho de la mujer sigue siendo el arma predilecta de la lucha feminista, y su peor enemigo, la censura.
Un sábado de marzo, la artista valenciana Claudia Sahuquillo amaneció sin cuenta de Instagram. Ningún aviso, sólo un mensaje en la pantalla: "Se ha desactivado tu cuenta porque infringe nuestras condiciones". Casi 80.000 seguidores a la basura de un momento a otro. Su proyecto #SkinIsTheNewCanvas convertía efectivamente el cuerpo desnudo de la mujer en su lienzo. Y sí, las fotos mostraban pezones. Pintados, pero pezones. Recuperó su perfil el lunes después de justificar, a través de un formulario, que en lo suyo no había pornografía, sino todo lo contrario. Igual que se fue, volvió. Pero a ella el susto sólo le confirmó que lo que hacía tenía sentido.
"Lo que hago es dibujo y pintura, pero también revolución, porque lo que pinto son cuerpos prohibidos", afirma. Sus modelos son siempre mujeres, porque "¿cuál es el punto de que un hombre muestre lo que ya puede mostrar?". Bordear los límites para evitar la censura llega en ocasiones a lo surrealista: "El problema son los pezones, o más bien cómo cubrirlos: si los pinto de tonos rosas, la foto desaparece; con el resto de colores no suele haber problemas". Así que el bodypainting de Claudia está hoy lleno de trampas, algunas motivadas por la propia autocensura de la artista.
De la desnudez como acto subversivo sabe mucho el granadino Manuel Ceballos, autor de Pixon Project, una especie de Free the Nipple español que, adivine, Instagram ha cerrado ya tres veces desde que naciera, hace dos años. El truco es sencillo: se pixela todo excepto el pezón, a ver qué pasa; lo que pasa, en cambio, es algo más complejo. "Las compañías que están detrás de las redes sociales cada vez utilizan más mecanismos para controlar y segmentar a sus usuarios con fines comerciales, a costa de limitar sus libertades y privacidad. Y de esto, o no nos damos cuenta o simplemente lo aceptamos sin rechistar para no quedarnos fuera de la red social", afirma Ceballos. Para él, censurar el desnudo femenino en Internet es "sólo la punta del iceberg", de un iceberg que tiene su base en el mercado.
"Hay una patente cosificación de la mujeres", argumenta el artista, "el cuerpo femenino es un producto vendible que genera beneficios, por lo tanto, hay que controlarlo. Esto no pasa tanto con los hombres. Y para asegurarse de que esto siga siendo así, el sistema se encarga de marcar esas diferencias incluso desde antes de nacer con 'el rosa y azul'. A partir de ahí, todo se convierte en una lucha a contracorriente si quieres educar en igualdad".
Ceballos recurre, para explicar el círculo de la censura en Internet, a un filósofo francés que murió mucho antes de que la Red siquiera fuera una utopía de futuro. Michel Foucault utilizó el Panóptico de Bentham como modelo para dar explicación a la sociedad moderna: "La idea consistía en una cárcel circular donde los presos saben que son observados desde una torre central, aunque no saben cuándo ni por quien, así que autocensuran su comportamiento", explica, "y esto es lo que está pasando en Instagram".
¿Quién decide cuánta piel se puede ve?
Pixon Project juega con la ironía, incluso aplicada al propio logo de Instagram. MANUEL CEBALLOS
¿Pero quién decide qué se puede enseñar en las redes sociales? ¿Quién marca la línea entre la pornografía y el arte, el activismo o la simple naturaleza? A Lorena Fernández se la conoce "por los caminos de la Red" como Loretahur. Es ingeniera informática, profesora de Identidad Digital en Deusto, y una firme activista por la igualdad entre hombres y mujeres en el colectivo Doce Miradas, donde habla abiertamente de "tecnologías machistas". "Las redes sociales digitales no dejan de ser un fiel reflejo de las analógicas, así que se replican los mismos comportamientos pero con una nueva componente: poder levantar el dedo inquisidor desde el anonimato", afirma. Porque para ella, si el comportamiento de las plataformas es preocupante, no lo es menos el de los internautas.
"Los algoritmos de reconocimiento funcionan con entrenamiento", explica, "se les suele 'adiestrar' previamente con grandes bancos de imágenes, para que sean capaces de identificar patrones. La clave está en saber cuáles son las fuentes de aprendizaje predictivo, porque se producen casos como el de que las máquinas no sean capaces de identificar a hombres cocinando porque en los principales bancos de imágenes de los que se les surte un 77% de las fotos en las que aparecen personas cocinando están protagonizadas por mujeres. O en el ejemplo que nos ocupa, que sólo sean los pezones femeninos los que se categoricen como impúdicos". Precisamente acerca de ese machine learning se ha pronunciado este miércoles Facebook en su conferencia de desarrolladores F8, donde ha anunciado avances en inteligencia artificial para eliminar las "cosas malas" antes incluso de que se produzca una denuncia.
"La cuestión aquí es quién está construyendo la tecnología", asevera la profesora de Identidad Digital, que subraya la importancia de que los equipos que están pensando "la tecnología del futuro" sean diversos. "Si no cuentan con miradas desde diferentes puntos y, por supuesto, con el 50% de la humanidad, no les interpelará esta problemática", esgrime, "el desequilibrio resulta caro socialmente, porque la trayectoria vital de la mujer no se incorpora a las innovaciones". Efectivamente, sólo uno de cada cuatro alumnos matriulados en Ingeniería es mujer, una desigualdad que se traslada a las estructuras empresariales y, por tanto, acaba repercutiendo en la tecnología.
El usuario como vigilante del usuario
Pero además de esas máquinas adiestradas, también hay personas que regulan los contenidos cuando alguien los reporta. Y aquí es donde entra en juego el internauta. Eran 4.500 los moderadores de Facebook el pasado año, que Zuckerberg prometió incrementar en 3.000 más, repartidos por todo el globo para reducir los "falsos positivos", como los define Loretahur. Y aquí "pesa más el chivatazo del resto de la comunidad, que los propios algoritmos". En cualquier caso, toda regulación sigue unas "normas comunitarias" que establece la propia plataforma, y que ha aclarado hace unos días acuciada por las críticas. En el capítulo "desnudos de adultos y actividades sexuales", incluido en el apartado "contenido inaceptable" de su nuevo documento, Facebook basa su política en evitar publicaciones que puedan resultar "sensibles" para algunos usuarios, y añade: "De forma predeterminada eliminamos imágenes sexuales para evitar que se comparta contenido sin permiso o de menores de edad". 
Sin embargo, la empresa de Zuckerberg hace una matización: "Entendemos que las personas comparten desnudos por una variedad de razones, entre ellas, como una forma de protesta, para generar conciencia sobre una causa o por razones educativas o médicas, y aceptamos el contenido cuando dicha intención es evidente", y subraya: "Aunque restringimos las fotos de senos femeninos que muestren el pezón, sí permitimos las que representen actos de protesta, a mujeres amamantando activamente y fotos de cicatrices de mastectomías. También permitimos fotografías de pinturas, esculturas y otras obras de arte donde se muestren figuras desnudas".
El movimiento internacional #FreeTheNipple invita a "liberar el pezón". FREE THE NIPPLE
"La validez de los contenidos que compartimos depende más de la visión subjetiva y manipulada de los usuarios conectados que de un departamento de control de esta red social", apunta Manuel Ceballos, y apunta "una pista" en las normas comunitarias de Instagram , en las que, según él, "se nos invita a vigilar y denunciar": "'Todos y cada uno de nosotros somos una parte importante de la comunidad de Instagram. Si ves algo que consideras que infringe nuestras normas, comunícanoslo utilizando nuestra opción de denuncia".
Como prueba de su teoría, de que "los propios usuarios son los que le hacen el trabajo sucio a Instagram", Ceballos recurre a la propia experiencia: "A la vez que abrí la primera cuenta de Pixon Project, tambien fui colgando las imágenes originales sin pixelar en otra cuenta", cuenta, "con esta segunda cuenta evite toda interacción con la comunidad: ni seguir a otras cuentas, ni dar like a nadie, ni poner tags, sólo subir imágenes". A día de hoy la cuenta que muestra desnudos integrales sin ningún tipo de censura continúa activa, y sin embargo, Pixon Project ya no existe en Instagram.
¿Pero por qué nos molesta ver una teta?
En la respuesta a esta pregunta está la madre del cordero, porque efectivamente, la tecnología no reproduce más que las dinámicas sociales a este lado de la pantalla. A mediados de los 90, el sociólogo francés Jean-Claude Kaufmann decidió explorar el desnudo como objeto de estudio. Para ello, recorrió las playas de la Costa Azul gala preguntando a las mujeres que hacían topless por qué lo hacían. "Les costaba mucho contestar", recuerda, "su decisión había sido intuitiva, no habían pensado demasiado en sus motivaciones, me decían que les habían entrado ganas de repente y me hablaban de 'esas horribles marcas blancas'".
Sin embargo, y tras un rato de conversación, emergían sentimientos más profundos. "El deseo esencial era algo así como parir un cuerpo nuevo, históricamente nuevo", explica el sociólogo, "querían fabricar aquí, en la playa, una gestualidad femenina que rompiera radicalmente con siglos de discreción sumisa, acabar con ese papel de figurantes en segundo plano para mostrar su audacia, su orgullo y su seguridad con la cabeza alta y el cabello al viento". El topless nació en aquella Costa Azul en los 60, la misma costa por la que volvía a pasear, 20 años más tarde, el autor de Cuerpos de mujeres, miradas de hombres: sociología de los senos desnudos para documentar su última obra: Burkini, autopsia de un suceso.
Brigitte Bardot en un fotograma de 'Y Dios creó a la mujer'.
¿Se ha fijado en que últimamente hay menos mujeres que se dejan puesta la parte de arriba del bikini? ¿No le llama la atención que el bañador vuelva a estar de moda? Para Kaufmann, nada de esto es casual, y el motivo principal no está en el pudor de la mujer, sino en los ojos del hombre. Igual que investigó las motivaciones de las mujeres para yacer semidesnudas al borde del mar, el sociólogo también preguntó a los hombres qué efecto producía en ellos estar rodeados de senos descubiertos. Y en aquellas respuestas halló el francés el quid de la evolución social de los roles de género.
"De entrada, a los hombres les parecía estupendo, pero rápidamente se dieron cuenta de que aquello les restaba superioridad y los desestabilizaba en sus proyectos de seducción balnearia", explica. En efecto, no eran pocos los que se mostraban turbados: "¿Cómo iban a ligarse a una chica que se ha quitado el bañador?". El pecho al aire no era seductor, era poderoso, y llegado el nuevo milenio, cuando la mirada hacia el desnudo femenino había cambiado, se había normalizado, la sociedad fue virando hacia un pudor con letra pequeña: "A medida que los cuerpos se iban revistiendo en la playa, las miradas se volvieron a posar sobre ellos, y con esa sugestión, ese imaginar el desnudo, la mujer volvía a su papel de objeto sexual".
El cuerpo como mercancía
Y de aquellos polvos -o arenas-, estos lodos. Porque si Kaufmann advierte que "hay que tomarse la playa muy en serio", no hay que despreciar tampoco Internet como terreno donde se definen roles de género y se establecen patrones sociales. Y todo, al borde del mar o sumergidos en un mar de bits, nos devuelve al mercado. "El cuerpo ya estaba mercantilizado, lo que las nuevas tecnologías han mercantilizado es la imagen, el tiempo, el deseo más íntimo, el trauma personal, la parafilia, las fobias privadas", afirma el filósofo Santiago Alba Rico, autor de Ser o no ser (un cuerpo) (Seix Barral), un libro en el que reflexiona sobre nuestra relación con el cuerpo como metáfora de la sociedad. "Solemos manifestar nuestra inquietud ante el hecho de que la esfera pública penetre en nuestra vida privada, pero lo que debe preocuparnos es la invasión de la esfera pública por las vidas privadas".
Para él, "el mercado es básicamente anti puritano: le da igual vender dildos, crucifijos o misiles", y en ese anti puritanismo cabe la misma doble moral o hipocresía que mueve a quienes censuran el pecho desnudo en el paraíso de la pornografía: "Pensemos en el tabaco: hay que vender cada vez más cigarrillos y al mismo tiempo frenar cada vez más su uso". En ese sentido, las redes sociales deben responder a todas las minorías que integran su público: "Las redes, al hacer extensos los mercados y los deseos, constituyen todo lo contrario de una esfera pública; una constelación de minorías irracionales ruidosas".
"El cuerpo del hombre sigue siendo cuerpo; el de la mujer sigue siendo carne", reflexiona Alba Rico, que defiende los riesgos de mirar, a pesar de que siempre haya sido peligroso: "Es mucho más peligroso intentar evitar todos los riesgos". "Empezamos queriendo impedir el acceso de nuestros hijos a la pornografía digital y acabamos impidiéndoles el acceso a nuestros museos", afirma, y finaliza con una reflexión: "Si no hay una forma de conciliar la lucha contra la censura y la lucha contra el machismo es que no hay ninguna forma de hacer realidad el derecho y la democracia".

lunes, 10 de septiembre de 2018

El coño de la ilustradora grafica

“Un ilustrador es un artista gráfico que se especializa en la mejora de la comunicación escrita, a través de representaciones visuales que se corresponden con el contenido con parte del mismo”.
Lo vi, por primera vez, hará como quince años, en la antigua sauna del demolido Hotel Jovellanos, convertido hoy en residencia de ancianos.
Courbet. “El Origen del mundo”
Una veintena de socios naturistas, de la entonces única asociación de este tipo del norte de España, hoy expulsada de la Asociación Nacional, celebrábamos la clausura del Campeonato Europeo Nudista de Natación y aprovechábamos, de paso, una gran cantidad de entradas de regalo al Spa que hotel, gustosamente, nos entrego por utilizarlo como alojamiento y centro de reunión de los asistentes internacionales.
Fue, sin lugar a dudas, el día más concurrido con usuarios desnudos.
Éramos los de siempre, algunos amigos de estos y otros gorrones atraídos por la gratuidad del evento.
A ella, tarde bastante en ubicarla. Una cabeza, embutida en un gorro de lycra verde, con gafas binoculares negras y unas pequeñas pinzas sobre la nariz, para evitar la entrada del agua, entraba y salia del líquido elemento sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor. Hacia largos y más largos tropezando, sin querer, con cuantos se cruzaban con ella.
En uno de sus múltiples descansos la vi de cuerpo entero, sin su estrafalario atuendo de nadadora. Alta, morena, cabello largo, pechos pequeños, coronados por dos aureolas muy oscuras, caderas estrechas y una espléndida mata de pelo negro, abundante, salvaje, enmarañada, entre las piernas.
Lo admire. Pase la tarde viendo aquel coño enorme y frondoso entrar y salir del agua.
En aquellos años la moda, o el nudismo asturiano, imponían la depilación total de los genitales tanto en hombres como en mujeres. En la pileta hidrotermal, solo aquella ninfa y yo lucíamos pelo en la entrepierna y daba la impresión que solo a  mi, tal aspecto impresionaba.
Al salir me la presentaron. Tenía un nombre raro que olvide sobre la marcha y un compañero naturista que prometió traerla a cada sesión de Spa.
Guayasamín. “Minotauro”
Cumplió con su promesa. Cada primer viernes de mes nos reuníamos en un Spa que cerrábamos para nosotros. Su rutina era siempre la misma: disfraz de nadadora, ratito de natación, cama de agua y tumbona de relajación.
Con los años aprendí su nombre, su trabajo y siempre estuve enamorado de su espléndido coño, de su pelo púbico, en una sociedad en la que normalmente todas lo llevaban depilado.
Un verano nos vimos en una playa nudista. Me desilusiono. Se había depilado. Lo que durante años fue la atracción de mis ojos, desapareció de la noche a la mañana. Gano en desparpajo y perdió en exotismo. Gano en locuacidad y perdió en misterio.
Era ilustradora grafica, en el paro. Acababa de ganar una beca para pasar un año en México, se apuntaba a todas las convocatorias laborales tanto del Ayuntamiento como de la Comunidad, siempre con resultados negativos. Lo único que todo esto le suponía era un aumento, día a día, de las canas que ahora se dibujaban en su corta melenita negra.
Picasso. “Eva”. (Serie Cela)
Un mal día, la Asociación Naturista a la que pertenecíamos fue repudiada de la Nacional y expulsada de ella. Pasamos un año en blanco. Fue triste pero no doloso. Los antiguos socios fuimos de eso, a ser nuevos amigos y las actividades, perdidas u olvidadas, renacieron, por sugerencia de un antiguo presidente. Comidas, cenas, espichas, Spa, casas rurales con jacuzzi, juegos, amaguestu.
Mi amiga la ilustradora desapareció. Con ella su melenita canosa y su coño negro, como panza de hormiga, en el que se posaban todas mis miradas.
Desapareció. Tras verla y tomar un café en el centro de Oviedo, mi diseñadora graficase volatizo. Cambie de dirección, deje mi asistencia a los Spa´s nudistas, fui muchas veces a Madrid y aquella, nunca iniciada relación murió, casi como había nacido, entre el agua y la bruma del permanente otoño asturiano.
Lo lei en la Nueva España. “Erótica XXI”, antología de relatos de jóvenes autores. El libro vendrá acompañado por una exposición de dibujos eróticos de, también, noveles artistas, entre los que estaba mi amiga, aquella sirena con un mar negro, frondoso y agitado en la entrepierna.
La llame, hablamos, me invito, fui, compre el libro y su aportación grafica. Durante un tiempo seguí viéndola. El arte, el erotismo y el desnudo fueron una frágil argamasa que se disolvió con el agua norteña y maldito viaje al México de sus sueños.
   Ten — me dijo al despedirse, dándome un gran portafolio.
   Espero que te guste. Te llamare a la vuelta. —
Me dio un beso y se perdió entre las callejuelas del Oviedo antiguo.
El coño de la ilustradora gráfica
   Pero, ¿seguro que es el suyo?— Me pregunto un amigo al verlo colgado en el salón de mi casa.
   Segurísimo — conteste. Lo he visto, en vivo y en directo, cientos de veces y he soñado con el todas mis noches de insomnio de estos últimos años.
Allí estaba su regalo. Un primer plano de su coño, del coño de mi ilustradora grafica favorita.
Nota: El titulo como es fácil deducir, tiene la misma estructura que la serie de cuentos incluidos en el libro:”Coños” de José Manuel  Prada, pero solo eso. No recuerdo que entre ellos exista la “El coño de la ilustradora grafica”, en caso afirmativo lo cambiaré

martes, 4 de septiembre de 2018

Réquiem por el 'topless'

Era el consenso de la sociedad de finales del siglo XX: a la hora del baño, las tetas no son órganos sexuales. Hasta que llegó Facebook. En la última década, los pechos dejaron de existir
Una mujer hace topless en una playa de Gijón, en junio de 2012. (Reuters)
Ilya Topper. Estambulhttps://www.elconfidencial.com/contacto/885/
- Mamá, como no me des la pelota, le cuento a abuelo que tú y tu amiga estáis enseñando las tetas.
- Como se lo cuentes, te corto la pichilla.
Son los primeros años ochenta, es verano y en esta parte de la playa de Sotogrande aún crecen palmitos y tagarninas y a veces levanta el vuelo una bandada de flamencos. Carmen y su amiga Mimunt, una de La Línea, la otra de Melilla, trabajan en hostelería, son proletarias, no tienen aún treinta años. Son la primera generación de España que hace topless en la playa: a sus madres les había tocado, en los sesenta, conquistar el bikini. Para ellas es la continuación de una evolución social que deja atrás la dictadura, los sermones del domingo, el No follarás, el Todo es pecado. Estar en tetas en la playa ha dejado de ser pecado, y ha dejado de ser ilegal.
En la próxima década, el topless se populariza tanto que no hay playa en España donde no se vea normal. Excepto quizás las de Madrid, es decir Benidorm, por decir algo. Quizás sea más popular en Andalucía que en el Levante. Ya no hace falta buscar calas apartadas: es habitual ya en la propia playa de La Línea, por no hablar del resto de Cádiz. Playas pegadas al paseo marítimo, llenas de sombrillas, neveras con cerveza, maris jugando al bingo, niños dando por culo con la pelota, abuelas. Esta vez no son -como en la época del bikini - las guiris: ahora son las andaluzas. No llega a ser mayoritario, quizás lo haga el diez por ciento, quizás el treinta. Pero con una de cada diez es suficiente para alcanzar esa masa crítica que lo convierte en normal: cualquiera que llegue se sentirá cómoda al quitarse la parte de arriba. Si lo hacen las demás, es que no pasa nada. Nadie te va a mirar.
En las franjas más alejadas, dunas, calas que no llegan a ser recónditas, hacer nudismo pasa a ser habitual. A finales de los años noventa, en una de sus últimas ediciones, 'Diario16' invitó a opinar sobre la cuestión: ¿Hacen falta más playas nudistas en España? A favor se manifestaba un dirigente de una asociación naturista. En contra, otro naturista: desde 1988, y claramente desde la reforma del Código Penal en 1995, el nudismo es legal en todas partes. Delimitar áreas tipificadas como “playa nudista” no hace más que restringir el naturismo, dando a entender que fuera de la zona demarcada no se puede practicar. Lo cual es falso. Estar en pelotas es una decisión individual, no de zonas, grupos, categorías. Hay libertad de desnudarse. La segregación es lo contrario a la libertad.
Es legal en todo espacio público. La ley no distingue. La ciudadanía sí. No será delito pasear por Gran Vía en pelotas, pero la humanidad es gregaria y prefiere hacer lo que los demás, dentro de un margen de comodidad. Meterse en el agua desnudo es más cómodo que con un traje de licra pegado al cuerpo. Si el objetivo es recibir los rayos del sol en la piel, tomar el sol en tetas es más cómodo que hacerlo con el bikini puesto. Si lo hacen las demás.
Las demás lo hacían. La generación mayor miraba para otro lado, cuando no se apuntaba entusiasta a la tendencia. Consciente de que solo las leyes de la dictadura y el poder de la Iglesia le habían privado durante décadas de sentir el sol en las tetas. Ir con el sexo al aire era cosa de lugares apartados, pero el torso, también el femenino, era lícito en la playa. Eso era el consenso de la sociedad española de finales del siglo XX: a la hora del baño, las tetas no son órganos sexuales.
Es difícil poner fecha al regreso triunfal del bikini. Fue paulatino. Ocurrió en la segunda década del siglo XXI. El verano pasado, en la playa de Cádiz -de Santa María del Mar al fuerte de Cortadura y el Ventorrillo del Chato, cinco kilómetros, decenas de miles de bañistas- en la que en 2005 había en todas partes esa masa crítica de chicas en tetas, ese diez por ciento mínimo que permite decir que “aquí es normal”, ahora se podía contar el topless con los dedos de dos manos.
Cabo de Gata, agosto 2017, Playa de los Genoveses, un kilómetro de arenas. Ratio del topless: cero (si no contamos a Mimunt), salvo tres chicas, casi cabe decir refugiadas entre las rocas que marcan el final de la ensenada. En la última cala, de difícil acceso tras una loma de cardos y un sendero resbaladizo, entre la decena escasa de jóvenes que han conseguido alcanzar ese pequeño paraíso, ellas van en bikini, todas.
Las activistas saudíes mandaban su foto en bikini. Si alguna de ellas practicaba topless, no podía mostrarlo: en ese caso, si.
Facebook elige bando. Burkini sí. Tetas no
A esta generación no le da corte que les vean las tetas sus padres, suegros, vecinos, el carnicero de enfrente, el cliente de esta mañana, como hace treinta años. Les da corte que se les vean el colega del novio, el primo, el compañero. Les parece incómodo, esté quien esté. Las tetas se han vuelto una parte indecente del cuerpo.
Esta es la ideología de Facebook, esa realidad paralela en la que todos vivimos desde hace diez años (2007: 400.000 usuarios en España. 2009: 4 millones. 2010: 12 millones. 2018: 23 millones, es decir toda persona adulta que usted se cruza en una playa). Doce millones de pares de tetas, tragadas por un vórtice de antimateria. Si a usted se le ocurre subir una foto de estar en topless en la azotea de su casa, los rayos cósmicos aniquilarán su cuenta entera. Estar en tetas deja de ser un acto social, de ocio compartido, de veraneo con colegas. Se convierte en una ofensa visual a la sociedad.
Lo que no se ve en Facebook, no existe. En algún momento de la última década, en España las tetas dejaron de existir.
¿O había otros factores? Hollywood no ha sido: aunque lleva censurando pezones desde hace décadas, ya no marca tendencia, ha sido reemplazado por las series accesibles en Internet y en los que no solo se pega, se mata, se dispara y se tortura, como de toda la vida de Warner, también se folla y se cultiva el despelote. ¿Tal vez una conjura de la industria textil? Desde luego se ha apuntado febrilmente a la tendencia, si no la creó: en las tiendas de ropa abundan bikinis para niñas de cinco o seis años, y hay padres que se los ponen a sus nenas sin darse cuenta de que están incurriendo en un delito apenas mejor que el de los que les colocan un velo islamista a esa misma edad: si las tetas son un objeto sexual a ocultar, pretender que existen en el cuerpo de una niña antes de la pubertad es apología de la pedofilia. Hay productos que deberían estar prohibidos incluso en una sociedad de libre mercado, y el bikini infantil es uno de ellos.
Tres mujeres toman el sol en la playa de Samil, en Vigo. (Reuters)
Las sociedades posdictadura tienen eso: las libertades que se conquistaron a golpe de atrevimiento pasan a ser normales, dejan de valorarse, dejan de considerarse necesarias, quizás dejan de practicarse, porque se olvida que solo existen porque se practican. Se habla de un regreso general de ideas conservadoras, creen algunos que hoy se folla menos, o menos alegremente, que en los ochenta. Tal vez: para conquistar la libertad sexual también era necesario practicarla. Pero estar en tetas en la playa nunca fue un acto sexual. No formaba parte del código de ligoteo. Hacían topless las solteras y las ennoviadas, las casadas y las descasadas. Era un paso hacia la aceptación del cuerpo desnudo como algo natural, no sujeto a los tabúes del deseo sexual. Y si bien la Iglesia nunca ha dejado de intentar mantener esos tabúes, no consta que tenga mucho éxito: la proporción de bodas celebradas en la iglesia baja cada año (ya está en el 28%); no sé si los curas le hablan a su grey del topless, pero si no han conseguido impedir ni el matrimonio homosexual, dudo de que tengan dominio sobre las playas.
"Sé un hombre, tapa a tus mujeres"
¿Es el bikini el objetivo final o será el próximo paso volver al bañador de pieza entera? Ahora se ríe usted, pero eso es lo que está pasando a 14 kilómetros al sur. ¿Imaginaban las marroquíes que iban en bikini a la playa hace veinte años que en 2018 se lanzaría una campaña (en Facebook, como no, que a eso sí se presta la red social) llamada “Sé un hombre, tapa a tus mujeres”? Cuando los primeros jovenzuelos empezaban a insultar, en la primera década del XXI, a las señoras en bikini, llamándolas 'desnudas', ellas se quedaban a cuadros. Como se quedaría usted. En el caso de Marruecos (y el resto del mal llamado mundo musulmán) sabemos quién decide los códigos de decencia e indecencia: las cadenas satélites con sede en Qatar y Arabia Saudí, el petrodólar. Activistas como Ibtissame Lachgar y Zoubida Boughaba han contraatacado con la campaña Sé una mujer libre. Las activistas que participan mandaban su foto en bikini. Si alguna de ellas practicaba topless, no podía mostrarlo: en ese caso, Facebook elige bando. Burkini sí. Tetas no.
No es una cuestión de estética. Todo lo contrario. Es una tendencia hacia la hipersexualización del cuerpo de la mujer, solo el de la mujer
Pero no ha sido la (escasa) inmigración musulmana (o latinoamericana, igualmente tabuizada en lo que a tetas se refiere) en España la que ha cambiado los hábitos. En Cádiz no hay casi magrebíes, salvo Hassan el del Cambalache. Y en la playa nudista de la Barceloneta -defendida, me da a mí, en parte por el colectivo gay-, los vendedores ambulantes marroquíes o malienses regatean abalorios y pareos sin importarles la piel a la vista, como hacen los veteranos del agüita fría en Caños de Meca. Y son precisamente algunas hijas de la inmigración magrebí las que se apuntan con mayor ilusión al topless. Precisamente porque saben que la opresión de la libertad femenina se expresa en primer lugar a través de la tela. Saben, porque lo sufren en su piel, que la única manera de ser libre es afrontar las miradas de los demás a pecho descubierto, en sentido figurado la mayor parte del tiempo, literalmente en la playa. Aunque en Facebook no lo podrán contar.
No es nuevo: fue en 1972, aún vivía Franco, cuando a Fátima, melillense y mora, la multaron en Salou por cruzar el paseo marítimo en bikini. Lo recuerda Mimunt. No cree que vayamos a volver hasta ese punto, dice. No en España. Pero algo ha ocurrido: si antes hubo que ocultar a mamá que una hacía topless, ahora son las madres de cuarenta, cincuenta, que siguen con el hábito de tomar el sol en tetas y observan, estupefactas, que sus hijas de veinte se niegan a quitarse la parte de arriba. No es una cuestión de estética, como dicen a veces. Todo lo contrario. Es una tendencia hacia la hipersexualización del cuerpo de la mujer, solo el de la mujer, mediante una banda de tela que proclama: coto privado. Acceso visual solo con licencia sexual. Una especie de catastro corporal ideada en nombre del marido o novio: Hasta aquí es mío, el resto es público. Divide la piel y vencerás a la mente.
Y no tranquiliza que tras cinco años de campaña (2012-2017) Facebook haya prometido por fin dejar de censurar los pechos si se trata de madres lactantes. Ha decidido que tener tetas no es una exhibición sexual si cumple el propósito natural de amamantar a un bebé. En ese único caso no es indecente. Al fin y al cabo, la función de una mujer es procrear. Eso la disculpa: ser madre. Las demás, todas putas.